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LA BASURA COMO RADIOGRAFÍA

Actualizado: 26 de abr de 2018


Jaqueline Gaybor
Jacqueline Gaybor
Ecuatoriana. Abogada ambiental. Master en Estudios de Desarrollo con enfoque en Derechos Humanos. Actualmente realiza su PhD en la Universidad Erasmus de Rotterdam, Holanda, donde explora el impacto ambiental de los residuos provenientes de la gestión menstrual y los esfuerzos y desafíos en construir una gestión menstrual sostenible en Argentina.

LA BASURA COMO RADIOGRAFÍA

Sea educado, bote la basura por la ventana” advertían unos letreros en los buses de la ciudad de Quito hace algunos años. Este discurso cambió con el tiempo al más conocido “sea educado, bote la basura en su lugar”, aludiendo a poner la basura en un lugar en particular -el basurero- y listo, desconectarse del tema. Yo crecí en medio de estos dos discursos. El segundo tratando de arreglar al primero, pero sin ir más allá de ser una solución parche ¡Cómo si botando la basura en su lugar, se acaba ahí el cuento! Hoy en día, en medio de la crisis ambiental que vivimos, en la que la cantidad y calidad de residuos supera la capacidad de la naturaleza de reabsorberlos, surge cada vez con más fuerza un tercer discurso más radical: “no genero basura”.


La cantidad, calidad y las formas de gestión de la basura son una radiografía de los modos de producción, de las relaciones de consumo y en términos generales, de los principios que nos guían como individuos, como comunidad y como sociedad global. Esta radiografía muestra además, como los seres humanos nos hemos erróneamente asumido como dueños y no como parte de la naturaleza. Así, cómo en otras prácticas cotidianas que afectan a diario al medio ambiente, nos hemos desligado de la responsabilidad sobre la basura que producimos.


Sin embargo, no sólo es un tema de libre albedrío o irresponsabilidad. También es importante preguntarse, ¿qué indica la basura con respecto a las opciones que tenemos como consumidores? La basura que producimos es muchas veces la que podemos (de acuerdo a los que puede pagar nuestro bolsillo o a las opciones en el mercado, etc.) y no necesariamente la que queremos producir. Un ejemplo claro de esto son los productos -de primera necesidad- para gestionar la menstruación. Las opciones que tenemos en tiendas, supermercados y farmacias son las mismas: productos desechables que debemos comprar cada mes y que están hechos a base de plástico y celulosa. ¿Cuánto tardan en descomponerse una vez desechados? ¿Serán reciclados? ¿Existen opciones fuera de los productos desechables para suplir estas necesidades básicas?


La atención en el último eslabón de la cadena

Es difícil tener una cifra global sobre cuantas toneladas de residuos producimos. UNEP (2016) estima que globalmente se producen entre 7.000 y 10.000 millones de toneladas de residuos sólidos por año. La cantidad varía considerablemente según región, país, ciudad e incluso barrio. En términos generales, cuanto mayor es el desarrollo económico, la tasa de urbanización y la densidad poblacional, mayor es el consumo de bienes y servicios y, mayor es la cantidad de desechos sólidos generados (Kennedy, et al., 2015).


La gestión de los residuos sólidos se ha centrado en soluciones llamadas ‘del final de tubería’. Es decir, en vez de trazar estrategias integrales y preventivas del tipo “no genere basura”, la atención se ha puesto en qué hacer con la basura que “educadamente botó por la ventana del bus” a la calle o la que “educadamente botó en el basurero”. Ejemplos de estas soluciones son el reciclaje y la disposición final de residuos en rellenos sanitarios, botaderos a cielo abierto o incineradores.


La urgencia de estrategias preventivas

En el Ecuador y en el mundo nos urge el “no genere basura”. Construir una sociedad social y ambientalmente justa es un gran desafío que demanda aproximaciones tecnológicas, voluntad política y participación ciudadana. En las últimas décadas varios países y ciudades en todo el mundo han dado un paso adelante; adoptando leyes y políticas públicas inspiradas en el enfoque de Basura Cero. Por ejemplo, desde 2007 la ciudad de Buenos Aires cuenta con un marco legal para la gestión integral de residuos sólidos urbanos inspirado en esta filosofía. La ley propone una reducción progresiva de la disposición final de los residuos sólidos urbanos mediante la adopción de un conjunto de medidas.


Pero, como consumidores y usuarios, ¿qué alternativas tenemos para evitar la generación de desechos? Una ciudadanía activa, dispuesta a rechazar, reutilizar y reparar ciertos productos y servicios es clave, así como también es el contar con alternativas tecnológicas que suplan necesidades básicas a costos accesibles y permitan hacer efectivo los cambios de hábitos. Esto es de crucial importancia, especialmente si consideramos que hay residuos sólidos que no tienen un uso posterior, es decir, no son reciclados y van a parar a rellenos sanitarios. Entre estos están los tampones, toallas femeninas descartables y pañales.


La basura proveniente de productos descartables para la gestión de la menstruación

Las diversas propiedades del plástico, tales como durabilidad y resistencia, han llevado a su uso generalizado en la fabricación de productos de gestión menstrual (aplicadores de tampones y la cubierta y empaque de toallas sanitarias). Varios estudios ambientales a nivel global (Williams & Simmons, 1996) explican que el enterramiento de estos desechos tiene un efecto particularmente negativo en el medio ambiente debido a que están hechos de plástico y pueden tardar entre 500 a 800 años en descomponerse. Además, en su proceso de degradación, varios químicos tóxicos son liberados, desplazando la contaminación al suelo, aire y agua. Sólo por dar un ejemplo de la gravedad del tema, la misma empresa Johnson&Johnson dejó de producir tampones con aplicador argumentando que los aplicadores tienen un tiempo de vida de 500 a 1000 años hasta finalmente degradarse (O.B., 2015).


Globalmente y en Ecuador existen varias opciones de productos sustentables, promovidos por mujeres emprendedoras que desafían el “sea educado, bote la basura en su lugar” y fomentan el “no genere basura”. Entre estos están la copa menstrual, las toallas reusables femeninas y los panties lavables. Son productos reusables que tienen una duración de entre dos a diez años. Además, son alternativas que a largo plazo son más económicas y marcan el camino para cambiar patrones de consumo de la población.


Finalmente…

Nos urge el “no genere basura”, no como una manifestación de la buena educación, que es lo que ha impulsado los discursos de “bote la basura por la ventana y bote la basura en su lugar”, sino como un acto de sobrevivencia, una actitud para permitir la permanencia de la vida y de las distintas especies que habitamos este planeta.





Referencias

IARC. (2015). Carcinogenicity of tetrachlorvinphos, parathion, malathion, diazinon, and glyphosate. Lyon, France: International Agency for Research on Cancer Monograph Working Group.

Kennedy, C., Stewart, I., Facchini, A., Cersosimo, I., Mele, R., Chen, B., . . . Dubeux, C. (2015). Energy and material flows of megacities. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(19), 5985-5990.

Marino, D., & Peluso, L. (2015). Residuos de Glifosato y su metabolito AMPA en muestras de algodón y derivados. La Plata.: Presented at the III Congreso de Médicos de Pueblos Fumigados-UBA, EMISA - Universidad de La Plata.

O.B. (2015, October 10). O.B. Retrieved from Tampones O.B. Espana: http://www.tamponesob.es/

UNEP. (2016). Global Waste Management Outlook,. New York: United Nations,. doi:http://dx.doi.org/10.18356/765baec0-en.

Williams, A., & Simmons, S. (1996). The degradation of plastic litter in rivers: implications for beaches. Journal of Coastal Conservation,, 2(1), 63–72.



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