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“¿Endo qué?”

Palabras para enredarnos la lengua al hablar de salud femenina hay miles, comenzando por menstruación, papanicolaou, Chlamydia...y llegando a la relativamente reciente endometriosis.


“¿Endo qué?”, me han preguntado incontables veces amigos, familiares, colegas, e incluso algunos doctores durante mis andanzas por salas de ginecología en Ecuador, Vermont, y en España, tratando de entender qué me estaba pasando. Tan popular es la pregunta que hasta un documental titulado así fue lanzado el año anterior con el objetivo de indagar en la complejidad, pero a la vez la simpleza, de esta enfermedad crónica que aqueja a más de de 176 millones de mujeres a nivel global.


Simpleza no en su pronunciación o en sus antecedentes y tratamientos, pero sí en su existencia y sus consecuencias. Tener endometriosis quiere decir dos cosas: científicamente, que un tejido similar al que recubre el útero, se logra instalar fuera de este, generando mucha inflamación, generalmente en la zona pélvica. Otros síntomas incluyen infertilidad, dolor abdominal y de ciática, cólicos inolvidables, y una lista de “más síntomas” un tanto larga, pero menos común. En el habla popular se diría que la otra cosa que implica estar así, es que te sientes de un día a otro, como dijo en un poema Benedetti, “jodido y radiante, y viceversa”.


No puedo dar cátedra sobre la “endo” (como algunas doctoras, pacientes, y activistas de la endometriosis le han empezado a llamar) pero la vivo y la he vivido a diario por posiblemente más de 5 años. Se podría decir que gozamos de una amistad que nos permite vernos muy de cerca al dormir, comer, hacer deporte, bailar, y bueno, se pueden hacer la idea. Es de esas amistades que no te dicen sí a todo, sino que te cambian hábitos que, ahora entiendo, debía cambiar si quería vivir más allá de mi cabeza.


Y es que como a muchos, se me había olvidado por años que el cuerpo cambia, y en el caso de las mujeres, no sólo cuando nos da la regla, pero que cambia cada día, cada minuto, sin importar la edad. Viví años dentro de mi cabeza, nutriéndole de ideas, buenas lecturas, e inspiración; dejando que mi cuerpo sólo cumpla el rol de seguirla sosteniendo todos los días. Me desperté.


Esto no pasó en un día. Lentamente fui encontrando lo que necesitaba; aprendí a ir al ritmo natural del cuerpo, luego de una operación que me dejó sintiéndome como que debía volver a escuchar mejor y con más calma; no todo se mueve en modo “express” como estamos acostumbrados en el día a día, y qué bueno que sea así. El cuerpo es aprendizaje diario. Aprendí sobre nutrición. Aprendí hasta un poco de biología. Conocí formas de seguirle la pista a mi cuerpo sin desconectarme de lo que sucede dentro, como el utilizar la copa menstrual, que de paso simplificó lo que solía ser una incómoda rutina y me dio más libertad.


Y ahora que pienso en todas las pequeñas cosas que cambié, ajustes del día a día que se volvieron hábitos, veo cuán fuertemente reveladora fue la endometriosis para mí. En esos meses (y años) en que tuve primer contacto con el mundo de la endo, conocí sus recovecos, pero también los míos. Me hice más fuerte y estuve tranquila conociendo de qué se trataba el estar en sintonía con lo que soy en esencia: algo vivo que cambia en ciclos y que interactúa con su entorno.


Luego de la laparoscopia, cirugía con la que se logra confirmar a ciencia cierta que uno tiene endometriosis, re-examiné muchísimas áreas de mi vida, en pasado, presente y futuro; incluyendo todos los (en la mayoría de veces) innecesarios medicamentos hormonales que me habían recetado y que diligentemente tomé desde que tuve mi primera regla; la falta de conversación sobre salud femenina, dolor pélvico, y salud sexual a nivel social en el Ecuador y en muchos otros países; y finalmente lo que estaba comiendo, cómo me afectaba, y el entorno en el que mi cuerpo se movía y al cual reaccionaba. Fue simple ver la conexión.


Aunque muchas de las causas no estén claras todavía, estudios han demostrado la correlación entre la endometriosis y la alimentación, así como el impacto que tiene el aire y el ambiente en el que vivimos en el sistema inmunológico, el cual se ve afectado en la endometriosis.


Por esto es que la pregunta de “¿endo qué?” importa. Importa saber que la regla no debería doler. Importa saber que hay soluciones más allá de las operaciones. Importa que uno sepa cómo funciona nuestro cuerpo para saber qué medidas tomar en base a su propio ritmo y sus necesidades. Importa que estemos conectadas.


- Andrea Tapia


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